Calle Real, 61, 23400 Úbeda, Jaén

Palacio de la Rambla Úbeda S.XVI

En esta obra se aprecia la influencia de Andrés de Vandelvira, el gran arquitecto renacentista de Alcaraz. Se conoce el nombre de los canteros que labraron su fachada en 1575, Juan y Cristobal Hernandez. El palacio se construyó en el solar que ocupaba la antigua Casa del Postigo, llamada así por estar junto al postigo de la muralla de la Calancha. Esta casa fue entregada por Fernando III en el reparto que hizo tras la conquista, a Pedro González de Molina ” El Desheredado”.Este apelativo tan curioso se debe a que fue desheredado por su padre, el conde don Gonzalo Pérez de Lara. El señorío de Molina (Guadalajara) supuso la dote de su hermana Mafalda, prometida del príncipe Alonso, hermano del rey Fernando III.

La fachada está dividida por un friso de puntas de diamante. El zócalo que recorre el primer cuerpo destaca la horizontalidad de la fachada, presidiendo su lateral izquierdo una puerta adintelada entre columnas corintias y retropilastras dóricas. Rematando la portada, hay una ventana protegida con reja de forja y flanqueada por dos imponentes tenantes que llevan los escudos de los fundadores. A la izquierda, el escudo de D. Francisco de Molina y Valencia, señor de la Casa del Postigo, capitán de Infantería la Guerra de Granada y Regidor de Úbeda, se representa con una torre que tiene en su base una rueda de molino y tres flores de lis que simboliza la pureza de la mujer judía, vinculándose este símbolo con la casa del Rey David motivo por el cual esta flor aparecerá representada en los emblemas de todos los nobles de ascendencia judía. A la derecha el escudo de su mujer, María Mayor Vela de los Cobos, muestra cinco leones rampantes. Doña María es la sobrina nieta de Francisco de los Cobos y Molina, el poderoso Secretario de Estado del emperador Carlos V.

La hornacina de la izquierda alberga una talla románica policromada, la Virgen de la Luz. Los descendientes de judíos solían exponer en los exteriores de sus viviendas imágenes cristianas para demostrar su conversión.El interior tiene un patio porticado, de doble galería con arcos de medio punto labrado por el cantero Pedro Hernández de Cantabrana en 1561. Hay diez escudos labrados entre el patio y el arco de la escalera, pertenecientes a los Molina, Valencia, Porcel, Crespo y Solórzano.

El palacio ha sido habitado por la misma familia desde su fundación, convirtiéndose en un hotel de pocas habitaciones, decorado con mobiliario de época, un lugar tranquilo y rebosante de arte. Como nota curiosa, aquí se alojó Alfonso XIII.