Calle Real, 61, 23400 Úbeda, Jaén

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la obra más ambiciosa de la arquitectura religiosa privada del Renacimiento español solo fue posible por la confluencia en Úbeda  de unos personajes que resultaron decisivos en su concepción.

En primer lugar, un poderoso fundador oriundo de la ciudad. Francisco de los Cobos y Molina fue secretario personal del emperador Carlos V y un conocido mecenas y coleccionista. Su cargo  propició un contacto frecuente con la Italia renacentista y la posibilidad de contratar artistas de primer nivel. Estas circunstancias ayudaron a materializar un extenso programa artístico (del que formaban parte su Palacio, una Universidad y un Hospital) que culminaría con la construcción de este panteón erigido para salvaguardar del alma y la gloria de su patrocinador. Para ejecutar el proyecto fue necesaria una bula papal que fue solicitada por el secretario en 1535 y expedida por Paulo III en 1541.

El segundo personaje clave en esta historia es Fernando Ortega. El administrador y supervisor de obras, de gran formación intelectual, fue el mentor de su complejo y cuidado programa decorativo. Cobos le nombraría Capellán Mayor de la Sacra Capilla del Salvador.

En tercer lugar, está la figura de Esteban Jamete, que tuvo una influencia definitiva en Vandelvira y su uso de la figura humana en la escultura monumental. El escultor de origen francés sorprende por su dramatismo y el tratamiento abigarrado del espacio cercano al Manierismo y una iconografía donde mezcla temas cristianos y paganos.

Y por último, aunque no menos importante, encontramos al mismísimo Andrés de Vandelvira. La Sacra Capilla del Salvador del Mundo será el proyecto que lanzará su carrera, convirtiéndolo en uno de los mejores y más prolíferos arquitectos del Renacimiento español. Sin embargo, esto no siempre fue así pues Vandelvira comenzaría en la capilla como maestro cantero, junto a Alonso Ruíz.

Corría el año de 1536 cuando empezaron los trabajos según las trazas de uno de los artífices del momento, Diego de Siloé. El arquitecto abandonaría las obras tres años después para ocuparse de la construcción de la catedral de Granada, otorgándole con este acto a Vandelvira la oportunidad de su vida. Tanto Vandelvira como Alonso Ruíz hubieron de firmar un nuevo contrato donde se comprometieron a finalizar la capilla, con algunas variaciones con respecto al original. El nuevo documento supuso la ampliación de la sacristía para dar cabida a los diecisiete capellanes e imponía como supervisor de las trazas y los nuevos modelos a Luis de Vega, el arquitecto real.

Así pues, el Salvador fue el inicio de una carrera meteórica a la que siguieron obras tan relevantes como la capilla de los Benavides en el convento de San Francisco de Baeza, el Hospital de Santiago de Úbeda o la mismísima Catedral de Jaén donde ejecutó las obras que su padre había trazado. Finalmente, recordar la primitiva torre del Tardón en Alcaraz, una obra perteneciente al Convento de Santo Domingo que tiene muchas referencias decorativas a la  Capilla del Salvador de Úbeda.